La imponente imagen, un cuadro con tintes tornasolados de San La Muerte, presidía la habitación. Allí, todos los días, la familia comía. Al principio al hombre no le había gustado mucho lo que había colgado su hija, casi junto al reloj redondo de pared, pero después se acostumbró. "Capaz que nos trae suerte", debe haber pensado. Su hija, "La Vanesa", de 24 años se encomendaba fervientemente a la imagen pagana, adorada sobre todo en el noroeste argentino y en Paraguay. De su bolsillo colgaba un pequeño llavero, con la misma imagen de San La Muerte, engarzada en un prisma bordó.
Pero el padre de "La Vanesa" nunca creyó que su hija iba a darle un dolor de cabeza como el de la noche del viernes. Cuando los policías llegaron a su casa, no entendía nada. Hasta que la realidad lo superó. De distintas partes de la casa comenzó a brotar droga, cosechada por los agentes que estaban haciendo el allanamiento. "¿Qué me hiciste?", murmuraba el hombre, aunque la causante de su disgusto no estaba. La joven llegó en los primero minutos de ayer, tranquilamente. Y cuando vio el inusual movimiento, intentó escapar. Pero entre las ojotas que llevaba puestas y la superioridad numérica de los policías todo fue en vano. La reprimenda del hombre que estaba sentado en el fondo viendo como los investigadores revolvían todo no se hizo esperar. "Vos, y el coso ese que sale con vos son los culpables de todo esto". Y aparentemente el hombre tenía razón.
Hace poco más de tres meses, el jefe de la comisaría de El Colmenar, Conrado Romero recibió información de que a pocas cuadras de la dependencia, sobre avenida Williams Cross al 2.900, se acopiaba droga. Afirmaban que numerosos jóvenes llegaban hasta allí en moto y luego se retiraban rápidamente. El funcionario habló con sus superiores, los comisarios Héctor Cheín y Luis Ibáñez, y juntos decidieron darle intervención a la Dirección General de Drogas Peligrosas, en nombre de sus jefes, los comisarios Jorge Nacusse, Miguel Juárez, Guido Romano y Fabián Salvatore, quienes comenzaron a investigar. Así descubrieron que la casa formaba parte de una linea de venta de droga que, además de El Colmenar, incluía Villa Mariano Moreno y Tafí Viejo. Pero en esa misma residencia no se comercializaba, sino que se guardaban los estupefacientes. En cambio, a pocas cuadras de allí, hacia el sur, cerca del canal, estaba uno de los principales puntos de venta.
Luego de obtener filmaciones y de contar con los testimonios de varios compradores que fueron interceptados en las inmediaciones, los policías le pidieron al juez federal Mario Racedo sendas órdenes de allanamiento, que fueron concedidas. Luego, solicitaron colaboración a la sección Drogas Peligrosas de la Policía Federal, al mando de los comisarios Carlos Nickler y Adrián Corvalán y para evitar cualquier tipo de problemas, el grupo CERO también hizo su aporte en la zona.
En el dormitorio
Primero fueron a la casa de "La Vanesa". La vivienda tiene una habitación grande al frente, utilizada sólo como cocina-comedor, y en fondo, una prefabricada con dos dormitorios donde dormían la pareja dueña de casa y sus dos hijas mujeres. En el medio entre ambos espacios, una pileta de lavar. Abajo de la bacha, los investigadores encontraron dos tarros pequeños llenos de tizas de cocaína. Y en el dormitorio de la joven, un monedero con otras 10 tizas. Arriba del ropero, a la vista de todos, había una caja roja, con un disimulado doble fondo en el que había un pan de marihuana que pesaba un kilo. Debajo de la almohada de la muchacha encontraron una pistola calibre 11.25, y dentro del ropero un revólver calibre 22 largo. Además adentro del chifonier, guardaba $5.228, fraccionados en billetes de baja denominación. Hasta allí todo transcurrió con normalidad.
Los problemas empezaron en la casa del "Gordo Guasnay", en el pasaje Sarmiento primera cuadra. Allí los policías habían contabilizado unos 25 "toques" (el ingreso y salida rápida de jóvenes), en menos de 20 minutos. La transacción era veloz. Cuando los policías llegaron, el "Gordo" estaba en plano proceso de licuar la marihuana. Al ver a los agentes, quiso escapar. Pero detenerlo no fue tal fácil como con Vanesa. El hombre mide más de 1,90 metros y pesa 140 kilos. Casi el hermano menor de Shaquille O?Neal. Hizo falta que cinco policías se le tiraran encima para reducirlo, y así y todo el hombre siguió dando pelea. Cuando lo lograron, lo llevaron de nuevo al interior. Allí encontraron más de 300 gramos de picadura de marihuana, tres envoltorios listos para ser vendidos, una licuadora con restos de droga, un plato con cocaína rallada, dos bochitas con la misma droga, $ 298, y dos teléfonos celulares. Afuera más de 200 personas se arremolinaron para ver lo que estaba sucediendo. No podían creer que su vecino había "perdido" ante la Policía.
Racedo había ordenado un allanamiento más, en el barrio San Agustín, cerca del canal Norte. Allí los policías no encontraron droga, pero si documentación que probaría que entre los tres domicilios investigados había conexidad y que se trata de una organización familiar, ya que los involucrados son parientes. En cuanto al "coso ese" al que hacía referencia el padre de Vanesa por el novio de su hija, los policía todavía lo están buscando.